La plaza de Orfila, el corazón del barrio se curtió en mil batallas

Almanzor, los almogávares y los ‘segadors’ tiñeron de sangre el centro del distrito

En el corazón del barrio de Sant Andreu, bombeando vida por los cuatro costados y las 24 horas del día, se encuentra la plaza de Orfila. La iglesia de Sant Andreu del Palomar, el metro y la sede del ayuntamiento del distrito contribuyen al ajetreo. Pero ahora el hormigueo de personas habitual se ha visto en parte interrumpido por una legión de excavadoras y obreros de la construcción. La están poniendo guapa.

zoom La plaza de Orfila, en obras 8 Es centro de la vida del barrio.     Esta pequeña plaza se ha curtido en mil batallas. Según relatan José Luis Caballero y David Escamilla en el libro Els secrets de les places de Barcelona, en el siglo X ya presenció el asalto a la iglesia por parte del caudillo musulmán Almanzor. Doscientos años después, fueron los almogávares, mercenarios al servicio del rey de Aragón, los que tiñeron de sangre este enclave. Y en 1640, sirvió de lugar de concentración para medio centenar de segadores, que posteriormente darían muerte al virrey Dalmau de Queralt, aparte de hacer una escabechina entre la nobleza y las clases ricas de Barcelona.Cambio de nombre
El nombre de la plaza homenajea al médico y físico menorquín Mateu Josep Orfila i Rotger (Maó 1787-París 1853), autor de la principal obra sobre toxicología de su tiempo, Traité donis poisons (Tratado de los venenos). Pero este enclave no siempre se ha llamado así. Hasta 1907 fue la plaza de la Constitució, pero al anexionarse el pueblo de Sant Andreu a Barcelona tuvo que rebautizarse para no confundir su denominación con la de otro lugar.Lola Casanovas nació en plena guerra civil y lleva toda su vida viviendo en el barrio. «La plaza de Orfila es vital para Sant Andreu», afirma. Las obras de remodelación le impiden estos días gozar de una de sus aficiones: sentarse en un banco de la plaza a tomar el sol. «Estoy deseando que acaben para poder volver a venir», confiesa. Otro vecino, Lorenzo Fraile Domínguez, explica que muchas veces se encuentra con sus amigos en la plaza y destaca la tranquilidad del lugar: «Me gusta sentarme en los bancos y mirar el ir y venir de la gente».Dominando la plaza se encuentra la iglesia de Sant Andreu. El rector de la parroquia, Josep Soler, narra los principales problemas que afrontó el lugar durante el siglo XX. A finales de los años 60, la construcción del metro (Línea 1) bajo la plaza de Orfila provocó una serie de desgracias. «Pasaba una riera y al excavar el túnel se inundó medio barrio y cayeron algunas viviendas», explica. Como consecuencia de las obras, la fachada de la iglesia se separó del resto del templo. Fue la puntilla a un siglo tumultuoso, pues la iglesia fue pasto de las llamas en dos ocasiones: durante la semana trágica de 1909 y en la guerra civil. El templo también ha sido un lugar de acogida. «En 1976, las esposas de los trabajadores de Motor Ibérica se encerraron un mes para evitar el cierre de la fábrica», añade Soler, que destaca la solidaridad del barrio con estas mujeres, al llevarles comida y ropa.

Lugar de encuentro, de paso, de fiesta, la plaza de Orfila retomará en breve su trabajo como corazón y alma del barrio de Sant Andreu.

e lPeriódico.com
22-09-2010

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