Las tiendas emblemáticas de Barcelona piden mayor protección para frenar su progresiva desaparición

Sus principales problemas son el fin de los contratos antiguos en el 2014 y la falta de relevo generacional

Sus establecimientos han contribuido a escribir la historia de Barcelona a lo largo de los años y quieren poder seguir contándola. Muchos han aprendido el oficio de abuelos y padres y, aunque padecen el mal del relevo generacional, esperan que sus comercios puedan mantenerse en el tiempo a través de hijos, nietos o sobrinos. Pero las amenazas que se ciernen sobre ellos, que se han traducido en un goteo constante de cierres y abandonos de negocios, les han hecho darse cuenta de que ya no pueden vivir en la nostalgia. Y han decidido unirse para poder sobrevivir.

Son las tiendas emblemáticas de Barcelona, muchos de ellas centenarias, aquellas que el Ayuntamiento ya distinguió en su día como Guapos per sempre. Sus propietarios se han constituido en asociación con el objetivo de frenar su desaparición. Calculan que Barcelona ha perdido ya alrededor de 40 tiendas centenarias en los últimos 20 años, diez de ellas apenas en los últimos tres. Y con la falta de relevo generacional y el fin de las rentas antiguas que se prevé a partir del 2014 –sus mayores amenazas– temen que el goteo se acabe convirtiendo en una fuente imparable de deserciones que ponga en jaque al comercio más identitario de la ciudad.

La Associació d’Establiments Emblemàtics, que se presentó ayer por la noche en sociedad en el Reial Cercle Artístic de Barcelona, integra una cuarentena de tiendas históricas, la mayoría ubicadas en Ciutat Vella. La cerería Subirà, la pastelería La Colmena, la turronería La Campana, Casa Llobet, la tienda de géneros de punto La Torre, la librería Millà… Todas ellas forman parte de una lista de tiendas que buscan algún tipo de protección administrativa que salve tanto la singularidad arquitectónica o decorativa de sus establecimientos como la actividad que en ellas se ha llevado a cabo durante más de un siglo. “Tenemos tiendas de estilos muy diversos: modernistas, déco o neoclásicas… Son las tiendas clásicas, las de toda la vida, con oficios que han ido pasando durante años de padres a hijos. Por eso nos gustaría que no sólo se protegieran las fachadas de estos establecimientos, sino también su decoración interior y la actividad que se lleva a cabo en ellas”, explica el secretario de la nueva asociación, Josep Maria Roig, de La Colmena, una pastelería famosas por sus caramelos, cuyos dulces olores han hecho durante años las delicias de los viandantes de la plaza del Àngel.Salvando las distancias, quieren que sus tiendas puedan ser consideradas especies protegidas o bienes de utilidad pública. “Sería como proteger la memoria histórica, pero desde el punto de vista comercial”, añade el vicepresidente del ente, Jordi Subirà, de la Cereria Subirà, un establecimiento ubicado en la Baixada de la Llibreteria que comenzó su andadura en 1840 –antes como tienda de ropa– y cuya decoración se ha conservado casi intacta.

“De la tienda Pintes Ciutat, en el Portal de l’Àngel, sólo queda de testimonio una placa en el suelo; también queda poca cosa de Paviments Escofet, en la ronda Universitat. La librería Almirall se ha reconvertido en un horno de pan ecológico y ya no queda absolutamente nada de la ferretería Soriano….”, enumera Roig, siguiendo con el dedo el índice del último libro Guapos per sempre, que editó en el 2007 el Institut del Paisatge Urbà del Ayuntamiento, precisamente para recopilar, singularizar y poner en valor estos establecimientos, entre cuyos requisitos debían tener cincuenta años o más de continuidad en el negocio.

El libro, ya en su epílogo, hace un resumen de tiendas que han perdido la condición de guapos, la mayoría por un cambio de usos. Así, ya han dejado de existir la camisería Bonet, ubicada en el 72 de la Rambla; la latería Aquil·lí Maggí, donde cuatro generaciones se vendió latón en todas sus formas imaginables y ahora se venden caramelos artesanos de fantasía; la Pinacoteca del paseo de Gràcia, que llegó a ser la decana de las salas de arte de la ciudad pero que en el 2004 se convirtió en una tienda de moda; o la farmacia Vilardell, que conserva los elementos decorativos de la fachada pero que desde el 2004 es una sucursal bancaria. “Si desaparecen los oficios y los comercios tradicionales perdemos también un poco de nuestra identidad, de nuestro ADN y ya no habrá nada o casi nada que nos diferencie de otras ciudades”, vaticina Albert Mejías, portavoz del colectivo que preside Maya Ruiz Picasso. “Está desapareciendo el encanto de la ciudad. Unas tiendas de las que mi padre ya me había hablado. Si se quitan las raíces de Barcelona se le quita todo”, manifiesta la presidenta.

La preocupación de los comerciantes se hace más patente a medida que se acerca el plazo de expiración de la moratoria de la ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) que obligará a todos los comerciantes con renta antigua a ponerse al día. La Fundació Barcelona Comerç, que aglutina los principales ejes comerciales de la ciudad, calcula que actualmente hay un 14% de las tiendas con alquileres antiguos que a partir del 2014 deberán adecuarse a la actualidad, la mayoría de ellas ubicadas en el casco antiguo de Barcelona y pertenecientes a este colectivo de establecimientosemblemáticos. “Si ya vamos ahogados ahora, imagínense con los alquileres más altos. Imposible aguantar”, aseguran los comerciantes afectados, quienes buscan del Ayuntamiento algún tipo de ayuda, convenio o garantías para que estos locales perduren aunque sus impulsores no estén al frente. En el ámbito urbanístico, el Institut del Paisatge Urbà se muestra a favor de establecer “puentes de colaboración” y abrir un diálogo para buscar posibles soluciones. De hecho, fuentes oficiales del ente recuerdan que disponen de líneas de ayuda tanto para las fachadas como para preservar elementos significativos de los interiores. Pero ese no es su principal problema.

Grandes supermercados en el centro

Los grandes supermercados de entre 1.300 y 2.500 metros cuadrados podrán ubicarse en cualquier calle de Barcelona de más de diez metros de ancho. El pasado viernes, el pleno municipal aprobó la modificación del plan especial del comercio alimentario (Pecab), que hasta la fecha limitaba la ubicación de estos establecimientos en “áreas de nueva centralidad” e impedía su instalación en zonas más céntricas de la ciudad. Con la modificación, que se ha consensuado con los gremios y órganos del sector, se pretende minimizar el impacto que pueden tener estos grandes establecimientos en el tráfico y el urbanismo de la ciudad. Para ello, se insta a estos comercios a que dispongan de un espacio destinado para la carga y descarga, además de estar dotados con seis plazas de aparcamiento por cada 100 metros cuadrados de superficie. Además, están obligados a disponer de un estudio de movilidad.

El concejal de Comercio, Roger Pallerols, explica que este cambio en la normativa –la última actualización es de 1999– pretende cumplir con la Directiva Europea de Servicios, que insta a que las ordenanzas municipales del comercio alimentario estén ligadas también al urbanismo y a la movilidad de su entorno. Otra de las modificaciones introducidas afecta a los “perímetros de polaridad comercial” de los mercados. Si en la anterior normativa se mantenían tres niveles de protección diferentes, ahora se establece un único parámetro para todos los mercados municipales. Es decir, a menos de 200 metros de un mercado municipal no podrán instalarse supermercados de más de 400 metros cuadrados. Aunque sí se permite que estos establecimientos se sitúen en su interior, tal y como se viene haciendo en la remodelación de estos ejes alimentarios. El plan especial de comercio alimentario de Barcelona también reconoce una nueva tipología de comercio que, desde 1999, ha proliferado en las calles de la ciudad. Se trata de las tiendas de productos cotidianos que venden alimentación envasada y que en ningún caso están autorizadas a expender productos frescos. En septiembre del 2010, el Consell de Ciutat i Comerç –con representación de todas las entidades del sector– aprobó por unanimidad estos ajustes.

La Vanguardia.es
1-03-2011

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