Los limpiacristales reaparecen en los semáforos de la ciudad

Después de que una ordenanza municipal consiguiera eliminar esta práctica en el 2006, los conductores se ven de nuevo asaltados en varios cruces de la ciudad

Raquel Quelart

Ofrecer el lavado “no solicitado” del parabrisas del automóvil en la vía pública es una vulneración de la ordenanza de convivencia que puede costar entre 750 euros y 1125 euros de multa. Aún así varios cruces de la ciudad de Barcelona vuelven a estar frecuentados por limpiacristales, después de que en estos últimos años su presencia se haya reducido a la anécdota. El fenómeno ha resurgido con fuerza en puntos tan céntricos como la avenida Diagonal con paseo de Sant Joan, calle València y Aragón y plaza Francesc Macià, tal como se puede ver en el vídeo, aunque la Guàrdia Urbana asegura no haberlo detectado y el Ayuntamiento de Barcelona lo considera residual.

Los limpiacristales que aprovechan cuando el semáforo de los coches se pone en rojo para dar lustro a los vidrios de los automóviles – la mayoría de veces sin permiso del conductor – , suelen actuar en solitario, en pareja y ocasionalmente en grupo. Los fines de semana su presencia en las calzadas es más acusada porque hay menos patrullas de la Guardia Urbana y de los Mossos d’Esquadra. Además de los que abrillantan cristales, algunos ofrecen también pañuelos a cambio de una limosna.

La proliferación de esta práctica a mediados de la década pasada se convirtió en un problema para los conductores y  autoridades, hasta el punto de que era extraño circular por Barcelona sin ser asaltado en un cruce u otro de la ciudad. En algunos casos, los conductores eran amenazados, coaccionados e, incluso, robados o agredidos cuando se negaban a pagar por un servicio que no habían demandado. La ordenanza de convivencia que entró en vigor en enero del 2006 marcó un punto de inflexión en el intento de atajar este tipo de mendicidad. Por primera vez prohibió el ofrecimiento de servicios no autorizados en la vía pública, ya fuera sexo, masajes en la playa y también la limpieza de parabrisas ilegal. En pocos meses el colectivo de unos 100 limpiacristales desplegados por las calles de la ciudad desapareció disuadido por las redadas policiales que se llevaron a cabo para hacer cumplir la ordenanza. 

Cómo se controla la proliferación de limpiacristales  
Pero al igual que ha ocurrido con otros colectivos, la crisis ha hecho reaparecer esta práctica ilícita. Esto, pese a que la Guardia Urbana asegura que actúa de oficio cuando tiene constancia de que se está llevando a cabo este tipo de mendicidad. “Primero los identificamos, se les informa de que está prohibido y, luego, se les obliga a ausentarse del sitio”, informan fuentes de la policía municipal. Luego, los agentes vuelven a pasar una segunda vez para comprobar que se hayan cumplido sus órdenes y, si no es así, “se les denuncia y se les vuelve a obligar a irse”. La patrulla vuelve a pasar una tercera vez, y si aún así continúan allí, se les vuelve a denunciar y, entonces, procede al decomiso del material y la calderilla que lleve encima el infractor en cuestión ya que se considera que son “ganancias de la actividad económica ilegal”.  Sabedores de este método de actuar de la Guardia Urbana, los limpiacristales llegan a esconder el dinero en algunos escondites, como moquetas de locales y papeleras próximas al lugar. 

A pesar de no haber detectado todavía este tipo de actividad, la policía municipal pide la colaboración ciudadana para localizar y denunciar a las personas que deciden ganarse la vida de esta manera. En este sentido, informa que pueden tramitar su queja a través del aplicativo de Incidencias, Reclamaciones y Sugerencias (IRIS) en cualquier dependencia municipal, a través de correo electrónico, por teléfono e Internet.

La Vanguardia.com
14-09-2011

Leave a Reply