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Empresarios chinos acaparan la mitad de los traspasos de locales

M. JIMÉNEZ BOTÍAS / J. M. BERENGUERAS / Barcelona
Asiáticos e italianos realizan en Catalunya la mitad de las operaciones sobre comercios
La mayor parte de los cambios de arrendatario no implican una modificación de la licencia

El arrendamiento de locales comerciales en Catalunya y, principalmente, en Barcelona genera una gran actividad que sorprende en los actuales tiempos de crisis. Se debe a la efervescencia de la comunidad china en la actividad comercial en el país. Actualmente, el 80% de las transacciones de locales comerciales que realizan los extranjeros tienen como protagonistas a ciudadanos chinos. Italianos y paquistanís vienen detrás, según reconocen las empresas inmobiliarias que se encargan de intermediar en este tipo de operaciones comerciales.

Local en Major de Sarrià, en Barcelona. JOSEP GARCIA

Local en Major de Sarrià, en Barcelona.               Locales comerciales regentados por chinos en la Ronda de Sant Pere de Barcelona. Locales comerciales regentados por chinos en la Ronda de Sant Pere de Barcelona. FERRAN NADEU

Pese a todo, «los españoles representan la mitad de las operaciones que realizamos», afirma Jordi Tomàs, consejero delegado de la inmobiliaria Guinot Prunera. De la otra mitad de las operaciones que se realizan en el comercio, los chinos acaparan los traspasos. Razones culturales respaldan su creciente presencia en el sector comercial catalán. En palabras de Lam Chuen Ping, presidente de la Unión de Asociaciones Chinas de Catalunya: «No sabemos estar sin hacer nada. El chino prefiere quedarse con un pequeño comercio donde es necesario trabajar 20 horas que estar de brazos cruzados. Yo no conozco a ningún chino que esté en paro».

INTERMEDIARIA / «La mayor parte de los locales que se han alquilado durante el último año y el presente en Barcelona los han arrendado chinos», explica Li Wan, una joven china que gestiona el restaurante familiar en la calle de Aragó de Barcelona. Además hace de intermediaria entre la comunidad china de Barcelona y las inmobiliarias.
El desconocimiento de la lengua y de la cultura representan barreras que los chinos intentan salvar a través de la experiencia de sus compatriotas que llegaron primero. Por esa razón, un porcentaje elevado de los traspasos se realizan entre chinos. «Es una manera de sacarle algo de rentabilidad a un negocio que igual no va demasiado bien. Entre paisanos también es más fácil convencer a un comprador de que el negocio va bien, porque se fían más que de los occidentales», cuenta.

Conseguir un local y saber cómo funciona el negocio no es lo mismo. Muchos chinos se quedan con bares y pequeñas tiendas, que luego no gestionan bien. «Son más valientes que los comerciantes del país a la hora de emprender negocios», corrobora Joan Ollé, presidente de Colegio Oficial de API de Barcelona. «Aquí tenemos la idea de que cualquier negocio que comiences será complicado. Ellos no tienen reparos», agrega.

En todo caso, han dejado de montar restaurantes chinos y negocios mayoristas de ropa. Lo que más se mueven son bares, peluquerías, supermercados y tiendas de alimentación. Se explica porque el ayuntamiento ha endurecido los requisitos para modificar la licencia de un local comercial. Para la comunidad china es complicado tramitar los permisos, por lo que lo más sencillo es coger un local cona licencia y explotarlo. Se ahorra el papeleo y complicaciones.

En el 2004, el precio de los traspasos se situaba en 100.000 euros por un local no muy grande. Ahora están entre 20.000 y 30.000 euros. Después de pagarlo pueden entrar a trabajar el primer día. El margen de beneficio de un bar es alto y no se pagan nóminas porque suele regentarlo la familia. Eso sí, pagan la seguridad social como autónomos. Con llegar a final de mes tienen bastante.

PAGAR COMISIÓN / En el traspaso, el propietario del edificio suele cobrar un comisión para dar su autorización. «Con frecuencia, eso le permite elevar ligeramente el alquiler», explica Wan. Si hay que hacer reformas, se llama a una cuadrilla china que se encargará de rehabilitar el local con gran celeridad. Pero en la mayoría de los casos, lo que se compra es la expectativa de entrar a trabajar lo antes posible, sin tener que retocar el local.

Aunque oficialmente parece que se ha frenado la inmigración, los flujos de entrada no oficiales no se han detenido. Cada vez hay más competencia en las grandes capitales con lo que la actividad comercial se ha desplazado a otros puntos. «Lo de los bares chinos empezó en Catalunya, ahora pasa en toda España», cuenta Chuen Ling .

El Periódico.com
30-10-2010

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