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Las setas urbanas: qué especies y dónde crecen en Barcelona

Senderuelas, champiñones e incluso níscalos pueden encontrarse camuflados en jardines e incluso parterres de grandes avenidas

Aunque los ‘boletaires’ del Área Metropolitana se desplazan en masa al Prepirineo para su recolecta otoñal, muchas especies de setas crecen también en el Área Metropolitana, muy cerca –o incluso en medio– de las zonas más densamente pobladas. ‘Cama-secs’, ‘apagallums’, ‘rossinyols’, ‘trompetes de la mort’ y hasta ‘rovellones’ crecen en la comarca del Barcelonès cada otoño y también en primavera y verano.

Hay que distinguir muy claramente, sin embargo, cuáles están contaminados por la polución urbana y cuáles son aptos para el consumo humano. Por lo general, según la micóloga y consultora Tania Jiménez, sólo deberíamos comer los que proceden de Collserola y áreas boscosas bastante apartadas de las vías circulatorias. “Las setas que crecen en medio de la ciudad, cerca de aeropuertos y fábricas y en los márgenes de carreteras no deben comerse nunca. Acumulan muchos tóxicos, como el cadmio y el plomo del humo de los coches, que es muy cancerígeno”, explica. “Al ser el último escalafón de la red trófica, las setas urbanas acumulan todas las toxinas del ecosistema”, prosigue.

En el Área Metropolitana hay una cincuentena larga de especies de setas. Las urbanas suelen dividirse en dos grandes grupos: las que crecen en los troncos de los árboles y las que crecen en céspedes. Las primeras son de tipo parasitario y suponen una enfermedad para los árboles, a veces letal. No son tóxicas para las personas pero la mayoría tampoco son comestibles porque son duras como la propia madera.

“En Barcelona se hacen las podas de forma un poco drástica, para que el ramaje no ensucien ni moleste, y quedan heridas en el tronco por dónde entran las esporas que infectan el árbol”, relata Jiménez. “En los plátanos se ve a veces un chorrete color caramelo que cae por el tronco. Si miramos arriba, veremos un hongo llamado Yesquero aterciopelado (Ynonotus hispidus), que por debajo es amarillo-marrón y por arriba granate”, describe. Cuando se pudre la seta, queda una masa negra como si se hubiera quemado la corteza.

“En los árboles importados de otros continentes, como los eucaliptos, no es raro que haya esporas de especies exóticas invasoras, que consiguen crecer en nuestro hábitat y desplazan a las especies autóctonas”, explica Jiménez. “En muchas orquídeas salen unas pequeñas setas amarillas, color azufre, que son tropicales (Leucocoprinus birnbaumii). De alguna forma se han extendido y ya han empezado a salir silvestres en bosques litorales, como en la Serra del Corredor”, añade.

Tóxicas y alucinógenas
Las setas de prado, en cambio, sí que suelen tóxicas, en varios grados. “Si no son venenosas, al menos contienen metales pesados a causa de la polución. Aunque comiéndolas una sola vez podría no pasarte nada, los tóxicos se acumulan en el organismo y son dañinos”, advierte Josep Piqueras, micotóxicologo de la Vall d’Hebrón con treinta años de experiencia en intoxicaciones por hongos y setas.

Algunas incluso provocan graves afectaciones neurológicas, como malos viajes alucinógenos, y pueden dejar secuelas importantes. “Hay gente que lee rumores por internet y, pretendiendo encontrar setas ‘mágicas’ en plena ciudad, se intoxica gravemente con setas venenosas”, advierte el doctor. “A Urgencias raramente llegan, pero suelen llamar al teléfono de emergencias del Instituto Nacional de Toxicológico, porque temen tener problemas legales en el hospital”, remacha este hematólogo.

Entre las especies de césped más vistosas están las setas del chopo o ‘pollancrons’ (Agrocybe aegerita, que crece en restos de madera), varios tipos de champiñones (Agaricus spp.) –¡no todos los champiñones son comestibles!–, ‘pets de llop’ (Lycoperdon perlatum), Panaeolus y ‘bolets de tinta’ (Coprinus comatus). Si se corta el césped y no se recogen los restos cortados, pueden salir unas setas muy parecidas a los ‘cama-secs’ o ‘carreretes’ (Marasmius anomalus).

Pese a que la mayoría de viandantes se contentan con una foto curiosa, todavía hay quien se aventura a recolectarlos: “He visto por ejemplo a gente coger ‘pollancrons’ en Sant Adrià con intención de comérselos. ¡Es increíble esta chifladura por comer cualquier seta!”, exclama la micóloga. “No sólo por la polución, perfectamente pueden haber sido rociadas con insecticidas y herbicidas de jardinería y haber recibido hasta orines de perro”, asevera. Los que pasean a sus perros en grandes parques urbanos, por cierto, no tienen de qué preocuparse: la mayoría de animales domésticos no suelen sentir ninguna curiosidad por comer setas silvestres. “A parte de caracoles y babosas, los únicos animales que las ingieren son ovejas y vacas”, tranquiliza la micóloga.

Collserola, destino boletaire al alcance de una T-10
En la sierra de Collserola existe una larga tradición de recolecta de setas y espárragos, más por los vecinos del resto de municipios del Área Metropolitana que por los barceloneses. Al alejarse del tránsito y la ‘nube’ de polución urbana, sí son setas aptas para el consumo humano. En los encinares hay abundantes floraciones de ‘ciureny’ (Boletus aereus), ‘cep’ (Boletus edulis), ‘Ou de reig’ (Amanita caesarea), ‘trompeta de la mort’ (Craterellus cornucopioides), ‘rossinyol’ (Cantharellus cibarius) y ‘carlet’ (Hygrophorus russula), mientras que en las pinedas pueden hallarse champiñones campestres (Agaricus campestris), ‘llanega negra’ (Hygrophorus latitabundus) y rovellones. En los prados y zonas abiertas es usual hallar ‘cama-secs’ o ‘carreretes’ y ‘apagallums’ (Macrolepiota procera).

También hay especies tóxicas, claro, aunque menos abundantes que en la ciudad. Entre las más habituales están la ‘farinera borda’ (Amanita phalloides), el ‘mataparent’ (Boletus satanas), el ‘xampinyó pudent’ (Agaricus xanthodermus Génev.) y varios tipos de Lepiota, como la letal Lepiota brunneoincarnata.

Según el Centro de Información del Parc de Collserola, no se organizan actividades ‘oficiales’ para la observación o recolecta de setas, pero sí suelen haber convocatorias abiertas de asociaciones micológicas y grupos locales de ‘boletaires’. Las ordenanzas del parque permiten recoger setas y espárragos, pero “para uso doméstico o consumo propio y sin finalidades comerciales, exceptuando las especies protegidas, reguladas o prohibidas”. En cualquier caso, no se puede superar la capacidad de un cesto de cinco litros. La recolección de piñas de los pinos, trufas, molsas y líquenes está en cambio expresamente prohibida.

 

El mejor sitio y momento para hallarlas en la ciudad

Este noviembre han sido especialmente visibles en Barcelona porque ha llovido mucho pero sin hacer frío, y eso ha permitido que salieran muchas a la vez en parques, parterres y céspedes de todos los distritos. Hay alguna clapa importante en la avenida Diagonal, en el Parc de l’Oreneta, en jardines privados de Sarrià y Pedralbes, en el parque Carles I de la Vila Olímpica, en la parte alta de Ciutat Meridiana y Torre Baró, cerca del Rec Comtal en Vallbona y en plazas ajardinadas de Sant Adrià del Besòs.

Las setas urbanas salen tanto en otoño como en primavera y verano, pero normalmente las crecidas más apreciables se producen al cabo de dos o tres días de haber llovido mucho. Las especies de bosque prefieren un poco de frío otoñal, las de césped necesitan un cierto calor solar. Los mejores sitios donde buscarlas son espacios poco pisados –para que la tierra no esté tan compactada– y bien abonados.

El mejor momento del día para encontrar setas y fotografiarlas es al amanecer, porque hay algunas setas delicadas que perecen en menos de un día, incluso en tres o cuatro horas. El viento, el exceso de sol directo y el trajín de gente alrededor puede también dañarlas. Además, a primera hora todavía queda rocío en el césped, que facilita su floración.

“Las setas necesitan un 60-80% de humedad en el suelo para poder alimentarse bien y hacer la digestión en el exterior”, detalla la experta. Captan los nutrientes del suelo por un proceso llamado lisotrofia: ‘escupen’ las encimas digestivas a su alrededor, digieren el sustrato y luego las vuelven a incorporar. Eso explica que requieran humedad, puesto que las encimas utilizan el agua para dispersarse y regresar. Si no hay, no pueden regresar a la seta y si hay demasiada, se pierden. En cuanto llegue el frío y se hiele el suelo –cuando se nota duro al pisarlo– las setas desaparecerán hasta primavera.

La Vanguardia.com
23-11-2011

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